Colaboración de Joaquín Berruecos Cuando estaba en la secundaria recuerdo con agrado esa emoción que sentía al adquirir un disco nuevo, y cómo mientras lo oía, podía leer las letras, descifrar los significados de las ilustraciones, analizar las fotos, conocer las historias que se adjuntaban, descubrir cosas nuevas de los artistas, en fin, tener algo en las manos mientras escuchaba con atención las nuevas aportaciones musicales. En realidad aquellos paquetes eran algo más que sólo música, se parecían a eso que a hoy llaman arte/objeto. Pero en los 80 llegó la compactación del CD y con ella también se achicó la creatividad. ¿Y qué decir ante "lo de ahora," ? ya no se puede gozar de aquella fascinación del disco en las manos pues hoy contamos con la inmediatez del clic que te trae del ciberespacio la canción que quieras. En los años 30, los primeros discos no tenían portadas, se vendían en bolsas de papel a las que si acaso cada tienda le ponía su propia marca, ...